miércoles, 11 de marzo de 2015
Espejismos
PANAMERICANA SUR – EN ALGÚN LUGAR ENTRE CHINCHA Y LIMA – 4:55 AM.
lunes, 14 de abril de 2014
LA CASA RECOMIENDA…El libro de la semana:
miércoles, 13 de noviembre de 2013
Feliz día, chicas
jueves, 19 de septiembre de 2013
Institucionalizando farsas: MISTURA
lunes, 11 de febrero de 2013
Escucho un ruido
lunes, 26 de noviembre de 2012
El hijo del rey
miércoles, 15 de agosto de 2012
Moraleja
viernes, 25 de mayo de 2012
Divorcio
jueves, 29 de marzo de 2012
Niña
Niña, ¿Cómo hago? Carezco de licencias, carezco de herramientas para amarte. Hablo de amor sincero, del que toca y sana. Del que cura las heridas. Del que nadie podría avizorar en mis manos. Del que rescata a los caídos y transforma en esperanza los baldíos pantanos del dolor. Te quiero cerca, tocarte y con mi amor besarte. No quiero lastimar más tu golpeado corazón. Niña. Quince años te convierten en una utopía. Mostrarte mi amor es ganarle al miedo de las miradas. Demasiado para este mundo de desalmados. ¿Dónde el pecado? ¿Dónde? Afuera, esa ciudad ajena, convierte siempre en algo terrible al amor.
Hoy no me importa ese mundo. Acerqué mi espíritu a las puertas de tu ansiedad, dejé que lo sutil de mis años reciba de tu miedo todas las respuestas. Tomé tus temores y los convertí en una justificación. Por un segundo, por un maldito segundo, observar tu inocente querer me hizo volver a confiar en este mundo de mierda. Ese cariño que compartimos en un abrazo de despedida ¡Eso es Cariño! No lo que hay en ellos, cantaría el trovador desde su barca hacia la eternidad, celebrándonos con canciones de aprobación.
Recuerda esta noche antes de dormir mis consejos, mis manos, y ese infinito que creamos por un segundo perfecto. Recuérdame en la soledad de esta noche. Yo lo haré, mi niña.
miércoles, 15 de febrero de 2012
Dios ha muerto
Dios ha muerto. No existe. No existió. No existirá. No dará solución a mis penas ni servirá de excusa para mis errores. ¿Dios creó al hombre? No. El hombre fue quien creó a dios a su imagen y semejanza, nos decía Ludwig Feuerbach hace 150 años. Y es lo más probable. Elegimos vivir atados a un padre omnipotente que vele por nosotros y nos rescate de caer. Así somos. Irremediablemente dependientes. No somos nada sino excusas y ensayos. Nuestro mejor invento, nuestro mejor intento de crear algo útil: dios. Pero, imperfectos, al fin y al cabo, no pudimos crear nada bien y nos falló la intentona. No resultó. Con los años aprendí que el filósofo alemán Friedrich Nietzsche había acuñado la misma frase para sentenciar el fin del pensamiento cristiano y convocar a una revolución mental donde se exija al hombre luchar por ideales superiores y aguerridos, dejando de lado la parsimoniosa y benevolente doctrina cristiana.
Enciendo la luz y estoy a mitad de la noche. Lleno de miedos. ¿A quién recurrir? Maldito seas, dios. Sí existes. Te marchaste y nos dejaste cuando te necesitábamos. Te fuiste de vacaciones y olvidaste tu mundo, lo dejaste a su suerte y hoy se cae a pedazos. Te maldigo, dios. Mil veces te gritaré mi odio. Iré por calles y plazas hablándole al mundo de tu iniquidad e injusticia. Me encargaré de ti. Ya te cagaste, dios.
Me recuerdo en el colegio levantando mi mano ávido de respuestas hacía con el discurso del incansable profesor de Religión que sabía se topaba con un hueso duro de roer, hecho de madera escéptica y que no se callaba ante propuestas míticas ni respuestas sin base.
A veces caigo. Tropiezo y demoro en levantarme. Me quejo y enfilo mi rabia contra dios. Ese, del cual despotrico y a quien no reconozco, termina siendo a quien le dirijo la más elevada de mis plegarias o el más endemoniado de mis lamentos. Finalmente, me veo reflejado en mi silencio y me revelo desnudo ante la incertidumbre existencial y la posibilidad fortuita de vivir dentro del sueño de un gigante o sentir que, simplemente, pierdo la razón. Vuelvo a levantarme en la noche y me descubro vulnerable durmiendo en un desierto baldío. Solo, bajo el asfixiante brillo de la oscuridad total. El millón de preguntas es mi mayor temor. No tengo respuestas, solo un cordón umbilical que me une a ti. Ese cordón que siempre juego a cortar y siempre vuelve a aparecer. Dios, entiéndeme, me hiciste imperfecto y como tal producto, te he fallado. Dios. Perdóname por haber dudado. He pecado. ¿Dios?
domingo, 5 de febrero de 2012
¿Se viene otra derrota? (Parte Final)
Quise lavar mi orgullo de la manera equivocada: volviendo a tenerla cerca a mí. Quise matar mi odio de la manera incorrecta: volviendo a abrazarla. Quise terminar con esta historia de una vez por todas y simplemente me engañaba: tomarla entre mis brazos era volver a quererla. El orgullo y el odio serán siempre malos consejeros para estos temas. Sí, finalmente es un tema que le corresponde al corazón y me jode reconocerlo. Me jode saberme humano y no poder controlar todo lo que creo sencillo de controlar. Aquello que cuando está en boca de amigos o extraños suena patético. Verme atado a tan humano dilema me hacía sentir devastado.
La cogí del hombro en la puerta del local. Pensé detenerme ahí. No pude. La besé. Pensé acabar con todo ese absurdo ahí, pero no. Cogí un taxi y volamos a mi casa. El tiempo y el silencio del viaje eran síntomas de tensión. Nada que contarnos. Mucho que explicar. No hoy. Llegué a casa y quise abandonar todo este absurdo plan. Sabía que al enredarme con ella entregaría algo más que fluidos corporales. Lo sabía. Quise llorar y que vea lo desarmado y vulnerable que era frente a ella. Quise odiarla con más fuerza. Quise ser más valiente. Quise detenerme.
No pude.
El lunes por la mañana la mirada de mis amigos era fría. Por la tarde, un par de llamadas requerían saber cómo estaba. Por la noche, un autoanálisis era necesario. Hice un recuento de los muertos y los heridos. Pase lista: Integridad. Presente. Tranquilidad. Presente. Templanza. Presente. Billetera. Presente. Actitud. Se ha ido al baño capitán pero ya viene. Ok. ¿Todo tranquilo? Sí, mi capitán.
Perfecto.
Ese encuentro que parecía nos volvería a envolver en una historia turbia de desamores y engaños, tendrá que esperar. No percibo heridas de guerra en este corazón y sé que camino por territorio seguro. Lo siento en cada uno de mis huesos. Sus llamadas del día martes, miércoles y jueves no tocaron la más mínima fibra de este viejo león. Verla parada en mi puerta el viernes no remeció nada en mí. La puerta se cerró en su cara y con ella esta historia. A veces, para vencer un miedo, para curar una herida, para mitigar un dolor, la solución se encuentra en el mismo lugar donde se originó todo. Para mí ya no es la más pérfida de todas, ni el más doloroso de mis dolores, sino otra linda niña que se esfumó en los jirones de mi selectiva memoria. El camino es largo aún y hay muchas otras batallas que librar. Avancemos muchachos. A paso redoblado.
Volví al pasado, levanté mi tienda de campaña y abandoné tu cuerpo en las áridas tierras del olvido. Aseguré provisiones y partí hacia el futuro con una sonrisa en el bolsillo. ¿Todos listos? Todos listos, mi capitán. Vámonos.
Adiós.
sábado, 28 de enero de 2012
¿Se viene otra derrota? (Parte 1)
Recapitulemos: Sentado en mi escepticismo, huraño, desde lo alto de mi torre, avizoré tu maldad. Olí a kilómetros tus intenciones. Llegaste con las manos llenas de sangre fresca y ajena. Aun así, creí. Confié en mi férrea capacidad de control. Te abrí la puerta de mi casa, te invité una sonrisa, te regalé vida y, sin darme cuenta, jugué a quererte. Te di un segundo la espalda y lo pagué. Muerto, con un puñal en el revés cual el peor de los tontos, me sigo preguntando: ¿POR QUÉ?
Volví a la vida. Me juré levantarme y lo hice. Prometí olvidar y creí haberlo hecho. Desempolvé mi capa y salí a recorrer el mundo mostrando la sonrisa más escandalosa cual señal de buenaventura. Estoy bien, ¿no me ves? ¿Ella? No sé… no sé nada de ella. Mentía. Sí sabía de ella. Vivía en mis miedos, en mis deseos, y lo peor de todo: en el inminente futuro. Ese futuro al cual deseaba nunca enfrentar. Pero el destino se rasca la ingle todos los días mientras juega con mi suerte y el día menos deseado, llegó. Y yo: desarmado.
Sábado. Centro de Lima. 1:30 am. Junto a dos amigas, cerca de la pista de baile, se erigía el más doloroso de mis dolores. La visión de aquel espectro que hacía años residía en mi memoria me tomó de las gónadas, removió mi estómago, le metió un cachetadón a mi papada y me delató vulnerable frente a mi enemigo. Craso error en una batalla. Ella me miró, se acercó y sonrió. La muy bastarda. La miré (estaba deslumbrantemente hermosa) y en la punta de la lengua se congelaron los mil insultos que había planeado gritarle en el rostro. Mis ojos hervían y los absurdos segundos se hacían horas, finalmente, caí en la cuenta que el día que me tocó perder con ella se había iniciado una historia de derrotas. Todas por KO. Mi suerte estaba echada. No había un final feliz para esta historia. El más desleal de mis romances, el más angustiante de mis recuerdos amorosos estaba frente a mí con la sonrisa más relajada cual si nada hubiera pasado entre ella y yo. Colapsó mi cerebro. Un tipo de reconexión entre mi presente y mi pasado sucedió. Se cruzó mi vida delante de mis ojos y en muchos recuentos la encontré jugando a quererme, diciéndome que me idolatraba y en cada uno de esos absurdos recuerdos pude ver mi cara de felicidad. Qué Iluso.
Cogí mi dignidad, me la metí al culo. Apresé su pequeña mano, esa misma que usó para matarme, y salí con ella hacia el pasado. Mis discursos de hombre y decidido y mis consignas de jamás volver a ella se caían por mis ojos. Nada pude hacer. La gente me vio salir con ella del local. Movían sus cabezas desaprobatoriamente. Los jueces parecían querer deliberar…
¿Se viene otra derrota?
lunes, 2 de enero de 2012
El eterno domingo
Comenzar el año con un texto donde brillen por su ausencia las palabras de bienvenida al nuevo año, donde escaseen los brindis, donde se sienta que voy contra la corriente (nunca tan bien utilizado el término ant ...es) y se perciba la desolación de lo festivo, no hace más que demostrar que la coyuntura no determina mi pulso. Unas cuantas cervezas y abrazos no borran un año.
Aguántate las ganas de criticar, sobrino. Borra ese comentario con sabor a palmadita en la espalda, chochera, que aquí nadie esta depre. Simplemente me dieron ganas de sentar posición, volver a defender posturas teóricas de antaño, asirme de algo de valor, buscar mi viejo disfraz del Grinch, ponérmelo y salir a pasear por calles y plazas, contándole al mundo que la vida, esta vida que nos tocó vivir, no es una fiesta de fin de año.
Cuando en alguna tertulia, defiendo la idea que uno decide vivir así como también puede decidir morir, nunca faltan los optimistas, los fundamentalistas de la vida, los apóstoles del masoquismo que me señalan con el dedo y claman por mi destierro, exigen que me retracte de lo dicho o arderá Troya. No me presto a la polémica. Cambio de tema. No de opinión.
Me gusta pensar en la idea de elegir tu partida. Siempre me gustó la libertad. Desde sus definiciones filosóficas y problemáticas, hasta su verdadera esencia llevada a la práctica, excesos y demás. Libertad para todo. Desde un inicio hasta un final. Hasta el final.
Quizá sencillamente es solo un juego de ideas. Una práctica ociosa de querer avizorar el fin sin sentir que lo tienes realmente cerca. Quizá sea una manera de perderle el miedo a la muerte e ir adaptándome a la idea de lo inevitable, como diría Jean-Paul Sartre.
Para mí hay un sabor dulce en pensar en escapar de algunas cosas. No me interesa jugar a ser héroe ni creo que lo sea. Me gusta pensar en descansar ya de tanta hipocresía, tantos seres humanos y sus modales que no comprendo. Se ponen amenas mis mañanas cuando imagino la ausencia de tanta bulla, de tanto disparate, de tanto dolor en los ojos ajenos. Me imagino un fin de año como un verdadero fin de todo: un último parpadeo. Un descanso final. Un día que comienza lento con una brisa que te acaricia el rostro mientras vuelves a quedarte dormido. Una siesta sin las amenazas de despertador. Un eterno domingo
jueves, 1 de diciembre de 2011
Motores
Comenzar el texto con semejante epígrafe haría caer a muchos en la idea que los autos o motocicletas son el tema de mi desvarío semanal. Cuan equivocados estarían y la culpa sería exclusivamente mía. Propiciar dicho error es el juego intencionado para sorprenderte esta madrugada y captar tu atención.
Motores. Son muchos. Y con ello me refiero a los impulsos que nos dan la fuerza para amarrarnos en una silla frente a una hoja en blanco y escribir. Hay motores cuyo combustible es la alegría, la rabia, el odio, el rencor, el deseo o el sencillo y adictivo ego. Otras veces, el motor no se muestra tan sencillo, se siente como el vacío fantasmal de un pasado mejor y, tamaña carencia, nos empuja a seguir. Parar, es ciertamente imposible.
Hoy ese fantasma es mi motor. Tan distinto al de la semana pasada. Para dichas fechas todo era alegría, salud mi brother, dos más y palmaditas en el hombro. Hoy ante la resaca de todo lo gozado algo se empoza en mi alma. Es la depresión postraumática de una celebración. Yo lo sé. (Perdónalos Vallejo porque no saben lo que leen)
Luego de la marea alta, del gol de volea, del orgasmo feroz, el cigarrito cómplice, luego de verle la cara a Maradona por un segundo, viene, obviamente, la caída propia de toda historia. Nadie vive en la cúspide, es parte de la vida subir y bajar sinuosas montañas. No estamos hechos para la felicidad y nuestro destino es esforzarnos en alcanzarla. El camino para llegar a ella es lo divertido y donde reside nuestra historia de vida.
Lo lamentable es cuando la bajada nos toca en caída libre. Llevo tres días encerrado en mi cuarto. Improductivo. Intente acompañar a un amigo que solicitó mi compañía para un concierto y no fui. Mi cuerpo quizá sí. Mis ojos seguían clavados en el techo de mi casa y la caída seguía libre. Continuaban pasando los días. Cayendo más.
Entonces…recurrí al truco que me enseñaste. Las herramientas que dulcemente me brindaste: eché una mirada a mi montaña de películas y crucé los dedos. Play. Directo al cerebro con asalto a mi sistema límbico. Fascinante. No puedo decir más. Tuvo momentos demasiado humanos, me tocó. Me hallaba vulnerable y una buena película podía hacer lo que se le antoje con mi templanza. Lo hizo y ahora agradezco a quien me enseño a disfrutar del séptimo arte (te imagino sonriendo al leer esto, Brujita).
No te diré qué película fue, o bueno, no por esta vía. Quiero jugar con tu curiosidad e inventar una ocasión para que te animes a ubicarme y preguntarme cuál fue. De este modo, encontramos la disculpa del caso, tomamos una mesa por asalto e inventamos una cita teñida de tinto. Engreírnos entre copas será siempre nuestro mejor consultorio. Nuestra mejor mesa de trabajo.
Terminé de ver la película y de un salto me levanté de mi cama, cogí un papel y comencé el borrador que hoy lees.
Una gran amiga, un ángel de la guarda, me regaló un estuche lleno de películas europeas. Un estuche lleno de oportunidades. Por eso el escrito de hoy se torna solemne y mis palabras toman fuerza. El agradecimiento es para ti, Eva, que convertiste más de 10 mil kilómetros en un abrazo que tanto necesitaba.
viernes, 25 de noviembre de 2011
Gracias
Son días de paz. No sé si los merezca pero por fin llegaron. Incluso me asustan. Tanta tranquilidad parece síntoma predictor de una hecatombe. ¿Lo escuchaste? Dicen que hubo un rayo en Lima. Uy chucha, lo sabía. (Disculpen la desconfianza)
Estoy feliz y veo a mis amigos felices. Estoy feliz y veo a mis amigas hermosas. He recibido elogios de quienes admiro y abrazos de quienes amo. Todo va tomando sabia forma y mi ausencia de modestia, sumado a la vehemencia de mis dedos, me dificulta no compartirlo contigo.
Negociaré con el destino, cara a cara frente al espejo, dejándonos de formalismos hablaremos del futuro. No hay mejor manera de hacer planes que mirándote y diciéndote lo que amas y odias de ti, llegar a un consenso, secar las lágrimas de tu rostro, los escupitajos del espejo y concertar: Quiero esto para mí. Quiero esta sensación más tiempo. No quiero que los días de felicidad sean solo 2 ó 3 en el año. ¿Es un trato? Es un trato.
Mi hermano del alma, Manolo, me dijo que a la vida hay que darle la contra. El ser humano ha inventado un millón de razones para ser infeliz y hacer infeliz al resto. Que se jodan todos. Hoy vamos a darle la contra al mundo… total, es lo que mejor sabemos hacer.
En épocas tristes no entendía por qué mi pulso se negaba a detenerse. Por qué entraba y salía aire hacia mis pulmones. Por qué un corazón tan venido a menos se negaba a despedirse. No creo tener aún la respuesta pero sí saber que el tiempo es una dimensión para el que arriesga.
Las gracias de rigor a la familia, amigos y demás superhéroes (entrar en detalles de nombres sería aburrido para ti y para mí). Me alegra pensar que hoy es un buen día y que probablemente mañana sea todavía mejor.
Regreso a mi palacio y veo que ya no estás. Al no ver nada material en mi habitación, huiste. Te entiendo. Vuelvo a sonreír. No hay bienes ni riquezas. Lo que un día tuve no está. Me hace demasiado feliz el saber que nada tengo porque todo lo disfruté compartiéndolo con mis amigos y seres amados.
jueves, 17 de noviembre de 2011
Otra noche más…
Son las 4:05 am.
A veces necesitamos cambiar de espacios, dejar repentinamente lo que estamos haciendo y salir a caminar. La noche es sinónimo de oscuridad, de sabia soledad. De cierta esperanza. Salir a dar una vuelta es intentar buscar todo ello. La noche también es peligro, incertidumbre. Hoy iré tras lo segundo. El letargo no es lo mío. No puedo con la quietud. Me descompone. Me irrita. La noche es calma, pero siempre guarda la esperanza de lo inesperado. De la vorágine total.
Vamos paso por paso. Tentar algo de suerte. Total, es de noche. “…Sol, no entiendes lo que pasa aquí, esta es la noche, y de la noche son las cosas del amor…” decía el trovador.
La semana pasada me divertí extrañándote y no lo oculté. Esta noche caminando quizá te halle. No rías. Es sólo un deseo. No me cuestionaré el motivo de salir esta noche. De algo se huye y hacia algo se orienta uno. Veré que rumbo cogeré hoy. Lanzo los dados. Encuentro un boleto de avión en mi bolsillo. Lo fumo. ¿Para qué caminar?
4:16am.
No sé donde estoy con exactitud. El mundo está completamente en silencio. Mudo. Pero hay ojos observándome. Gatos. Humanos. Animales al fin. La noche se lleva mi alma. La muestra, la exhibe. La toma, la daña. La lanza al ruedo nuevamente. Camino por calles más oscuras. Me detengo a ver los rostros de los bohemios. Las cantinas a medio cerrar. Los observo ver mirar. Su mirada detenida en el tiempo, mirando a la nada por horas, días y semanas. Solo veo ojos vacíos. Ellos me ven y con certeza notan lo mismo. Hay algo de esencial en la noche. Algo de absurdo. Puedo sentir la ausencia total de bondad. Ni un vestigio de acto correcto. Aun así, todo marcha como lo esperaba. Doblo en la esquina y creo haberte encontrado. Nada. No eras tú. Ya debería saber que ni en nuevas esquinas ni en nuevos copas te hallaré. Entiéndelo. Grábatelo.
No camino para olvidar. No salí a recorrer pasos para gastar veredas. No quieras encontrar en estas líneas una razón que te funcione.
En la esquina, lo veo ahí parado: el diablo. Me miró de frente, me tomó desprevenido. Cruzamos miradas por un buen rato. No percibió miedo y se fue. Continúo caminando. Quizá me espere en casa.
Echarse a andar sirve para pensar en tus acciones del día. Hoy discutí con un buen amigo. Lo golpeé y estoy seguro que el daño me lo hice a mí. La noche y las calles son cada vez más lúgubres y oscuras. No obstante en la oscuridad siempre hay luces que iluminan el corazón del caminante.
4:45 am.
El camino parece vuelve a hacerse conocido.
Reconozco lentitud en mi andar. Demasiada. Hace una cuadra que me sigue un patrullero. Otra vez el brazo represor del sistema acechándome. Me escoltan y me observan seguros que algo planeo, que intento transgredir el orden. Cuando uno se muestra así, lento y solitario, siempre imaginan que uno es un alcohólico, un drogadicto o un asesino.
Y yo nunca he matado a nadie.
jueves, 10 de noviembre de 2011
2:23 am
Eché una mirada al pasado… Ahí te hallé. Desnuda. Incansables los dos. Jugando a no dejar que me vaya. Mirando a tus ojos y encontrando imposible no quererte. Escuchando tus palabras, juramentos, promesas, risas, llantos y demás: “Siempre estaré para ti”. Yo lo creí.
Hoy no sé tu nombre. No puedo asegurar para quién va dirigida esta catarsis. Pero recuerdo las palabras. Los besos. Las veces que me erigía soberano en tus rodillas y me lanzaba hacia una fuente de vida sólo para mí. Formando alianzas eternas. Escapando cobardes del mundo atroz que no comprendíamos y que esquivábamos fundando valientes un reino de dos humanos. Dos personas. Dos y solamente dos. Suficiente.
Hoy miro hacia el presente… Sentado frente a mil ideas y repitiéndome un discurso: Luz en tu mente y paz en tu corazón” (Gracias Buda). Buscando sentido y creyendo encontrarlo al gritarle al espacio vacío mis razones. Aquellas que me escuchabas gritar cada noche. Las suficientes para creerme digno de juzgar la sinrazón humana y pedirte ser mi aliada. Recuerdo tu mirada suspicaz, tu silencio comprensible y un abrazo lleno de calidez síntoma de amor. Lo posterior, lo recuerdo también. Tu cuerpo enquistado en mi piel saboteando mi templanza y dejándome desarmado. Sabías de mis debilidades y de mis pasiones. El juego del amor siempre fue y será el jaque mate a mi fuerza de voluntad. Ayer, hoy y siempre.
Mi presente es una rara confusión con mi pasado. Imposible no serlo.
Me atrevo a mirar hacia el futuro… Y lo dejo ahí. Esperándote aparezcas en la siguiente esquina, en la siguiente copa. La persona o cuerpo en el que te presentes es lo de menos. Me divierto pensando en que no tardarás.

