Te vi llorar. Quince años no te bastan para entender este mundo. Indefensa, te acercaste a mí. Tus lágrimas minaban mi templanza. Tus ojos llovían y anegaban mi alma. Quise tocarte con paciencia y honestidad. Besar tus mejillas. Quise colocar mis manos en tu cuerpo y calmar el temblor de tus penas. Cogerte entre mis brazos y robarte los temores causados por ellos, los adultos. Quise llenarte de vida, colmarte de amor y desaparecer aquellas heridas de tu alma. Atrás, habita ese mundo que te lastimó y que también sabrá juzgarnos. Ese mundo que no entiende lo que es una caricia porque olvido lo que es el amor.
Niña, ¿Cómo hago? Carezco de licencias, carezco de herramientas para amarte. Hablo de amor sincero, del que toca y sana. Del que cura las heridas. Del que nadie podría avizorar en mis manos. Del que rescata a los caídos y transforma en esperanza los baldíos pantanos del dolor. Te quiero cerca, tocarte y con mi amor besarte. No quiero lastimar más tu golpeado corazón. Niña. Quince años te convierten en una utopía. Mostrarte mi amor es ganarle al miedo de las miradas. Demasiado para este mundo de desalmados. ¿Dónde el pecado? ¿Dónde? Afuera, esa ciudad ajena, convierte siempre en algo terrible al amor.
Hoy no me importa ese mundo. Acerqué mi espíritu a las puertas de tu ansiedad, dejé que lo sutil de mis años reciba de tu miedo todas las respuestas. Tomé tus temores y los convertí en una justificación. Por un segundo, por un maldito segundo, observar tu inocente querer me hizo volver a confiar en este mundo de mierda. Ese cariño que compartimos en un abrazo de despedida ¡Eso es Cariño! No lo que hay en ellos, cantaría el trovador desde su barca hacia la eternidad, celebrándonos con canciones de aprobación.
Recuerda esta noche antes de dormir mis consejos, mis manos, y ese infinito que creamos por un segundo perfecto. Recuérdame en la soledad de esta noche. Yo lo haré, mi niña.
jueves, 29 de marzo de 2012
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