miércoles, 11 de marzo de 2015
Espejismos
La vida: una misión, un camino, un viaje, un destino. La ardiente intentona del hombre por comprenderla. Humanos tercos queremos aprehender la existencia humana en palabras, encasillarla en medidas, resumirla en tratados y comprimirla en clasificaciones imposibles.
¿Qué es la vida? Se han preguntado noche a noche los filósofos desde que emergió de nuestro cerebro la capacidad de razonar. Los días pasaron y las respuestas se mezclaban con el sinsabor del intento vacío. La vida, mi querido amigo, es un sinsentido. No le des más vueltas.
Schopenhauer la citaba como un constante sufrir en una tierra de dolor. Algunos lo creerán un pesimista y quizá lo sea. Su error fue querer comprender aquello que no reviste mayor análisis. Vivir no tiene un propósito a menos que se lo inventes. Algunos perseguirán ideales, otros asumirán designios místicos y religiosos para su obrar. Habrá los que divaguen entre una y otra ideología así como aquellos que no sepan precisar ni opinar. Todos yerran. Decídete, elije e ingéniate un propósito. Te servirá.
Gandhi ha muerto. Lennon también. Tú vas por el mismo inevitable camino y todo seguirá igual. El cosmos sigue su camino y nada cambia. Nada merece quitarte el sueño por una respuesta final. Cínicos y relativistas caminaron por la senda del acierto. Evita el juicio. Suspende la crítica revelada. La vida no te dará respuestas. Se nos esconde.
Los dogmáticos me señalarán como un alma oscura que disimula en su depresión un escepticismo vago. Los tolero. Ellos no a mí. Su mundo los contradice. Están condenados a perder en su obstinación.
El pasado no te condena. Nos han hecho creer que existe y que nos determinará por siempre. En África, existen culturas que no conciben el concepto ni las conjugaciones verbales pretéritas y su agobio por hallar un sentido a todo es mucho menor. El futuro es otro juego del tiempo y la invención humana que no es más que las consecuencias de nuestro accionar. Entonces, ¿qué nos queda?
El instante. El presente. El momento. El actuar. La inmediatez del vivir.
La reflexión nos ilusiona y nos hace creer que comprendemos. Que hayamos el camino. Un espejismo. Nada más.
Que no te sorprenda la vida enredado en solucionar misterios absurdos. Caímos en este mundo como una tortuga panza arriba que ve pasar la vida sin respuestas. Miramos el cielo buscando en el infinito y creyendo hallar en él la consigna del vivir. Un consejo de amigos: vive, no pienses. Siente, no detengas el ánimo. El sentido que intentas hallar no se esconde en el cielo. Simplemente no existe. Hazme caso.
PANAMERICANA SUR – EN ALGÚN LUGAR ENTRE CHINCHA Y LIMA – 4:55 AM.
“Nuestra existencia no es más que un cortocircuito de luz entre dos eternidades de oscuridad”
Vladimir Nabokov
El bus avanza por la carretera. Mi obstinado mirar se sumerge en la profundidad del horizonte donde nada se puede ver. Imagino paisajes infinitos. Cobran vida. En ellos creo adivinar historias del pasado. No puede haber sido todo siempre silencio en aquel paraje baldío. Exijo más. Retuerzo mi conciencia intentando descifrar a aquella piedra en el camino abandonada por el universo. Se encienden mis entrañas al mirar kilómetros y kilómetros de arena y desierto y no ver nada. Un absurdo placer me complace al exigir mi demencia al máximo. Se liberan mis demonios al inventarme fábulas imposibles. Se inquieta mi cordura hasta volverse furia. Necesito respuestas para este sinsentido. El fuego se torna en lava.
El bus sigue avanzando en la noche. Todos viajan sumergidos en profundos trances oníricos. Nadie me acompaña. Estoy al borde del colapso. Agoniza mi alma. Por fin creo ver algo. Grito en silencio. La noche me toca la ventana pero tengo miedo voltear. El silencio se convierte en un rostro. Es el reflejo del pánico. Lo analizo. Tras él, veo pasar al infinito. No hay respuestas. La existencia humana sobrecogida, desnuda. La inmensidad le roba la paz al viajero. En la oscuridad de la noche, se agiganta el temor y todo se vuelve abismo.
Todo lo avanzado en mi camino hacia la cordura se derrumba. A mi lado, un hombre duerme. Su paz me desconcierta. No comprende que allá afuera hay incendios y tormentas que nos esperan para estremecernos. El tipo comienza a roncar. Su naturaleza torpe y precisa me rescata del abismo final. Por fin.
Y cada viaje, cada semana, lo mismo. Si no has mirado por la ventana de noche nunca sabrás de qué hablo.
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