viernes, 25 de noviembre de 2011

Gracias

Abro los ojos. Echado, desde mi cama, diviso la barra del bar: copas a medio llenar y botellas a medio vaciar. Comienzo a recordar la noche anterior. Sonrío. Te hago a un lado y bajo a la piscina. Espero la movilidad en la puerta de mi casa mientras saludo con un gesto de triunfador a mi vecino. Llegó la limusina (la Covida) y salgo dispuesto a pasear por las deliciosas calles de Saint Germain, mi querido Paris (Huiracocha con Cuba, Jesús María). Y soy feliz.

Son días de paz. No sé si los merezca pero por fin llegaron. Incluso me asustan. Tanta tranquilidad parece síntoma predictor de una hecatombe. ¿Lo escuchaste? Dicen que hubo un rayo en Lima. Uy chucha, lo sabía. (Disculpen la desconfianza)
Estoy feliz y veo a mis amigos felices. Estoy feliz y veo a mis amigas hermosas. He recibido elogios de quienes admiro y abrazos de quienes amo. Todo va tomando sabia forma y mi ausencia de modestia, sumado a la vehemencia de mis dedos, me dificulta no compartirlo contigo.

Negociaré con el destino, cara a cara frente al espejo, dejándonos de formalismos hablaremos del futuro. No hay mejor manera de hacer planes que mirándote y diciéndote lo que amas y odias de ti, llegar a un consenso, secar las lágrimas de tu rostro, los escupitajos del espejo y concertar: Quiero esto para mí. Quiero esta sensación más tiempo. No quiero que los días de felicidad sean solo 2 ó 3 en el año. ¿Es un trato? Es un trato.

Mi hermano del alma, Manolo, me dijo que a la vida hay que darle la contra. El ser humano ha inventado un millón de razones para ser infeliz y hacer infeliz al resto. Que se jodan todos. Hoy vamos a darle la contra al mundo… total, es lo que mejor sabemos hacer.

En épocas tristes no entendía por qué mi pulso se negaba a detenerse. Por qué entraba y salía aire hacia mis pulmones. Por qué un corazón tan venido a menos se negaba a despedirse. No creo tener aún la respuesta pero sí saber que el tiempo es una dimensión para el que arriesga.

Las gracias de rigor a la familia, amigos y demás superhéroes (entrar en detalles de nombres sería aburrido para ti y para mí). Me alegra pensar que hoy es un buen día y que probablemente mañana sea todavía mejor.

Regreso a mi palacio y veo que ya no estás. Al no ver nada material en mi habitación, huiste. Te entiendo. Vuelvo a sonreír. No hay bienes ni riquezas. Lo que un día tuve no está. Me hace demasiado feliz el saber que nada tengo porque todo lo disfruté compartiéndolo con mis amigos y seres amados.

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