viernes, 25 de mayo de 2012

Divorcio

¿Por qué te fuiste, amor?, ¿Dónde encontraste mejores huéspedes que ella y yo? Tu ausencia se siente implacable. Monstruosa. En un inicio tu presencia justificaba todo. Embellecía cada uno de nuestros actos. Acariciabas mi alma con respuestas plenas y convertías mi pobreza en un festín de alegrías. Te veía en el rostro de ella y sentía el vivir a plenitud. El amor: ciego, terco y arrasador, no avisa. No argumenta su presencia. Irrumpe, mueve, descompagina y continúa. Hoy, amor, eres poco o nada. Rebosas en las bocas del mundo y careces de sentido entre tanto discurso vacío, entre tanto poema convertido en mentira. Amor, ¿cómo entender tus razones si hoy ya no estás? Uniste pasiones, engalanaste amaneceres y disfrutaste como un dios omnipotente al vernos crear mil y un locuras en tu nombre. Sembramos promesas al viento dedicando cada abrazo a los propósitos de tu voluntad. Caía la tarde cada día y se renovaban los juramentos. A falta de pan: amor. A falta de vino: amor. Cada mendrugo era compartido. Cada beso: un universo. Siempre estaremos juntos nos decíamos. Amor, te fuiste y ya nada existe. Tu vacío dio paso a lo innombrable; desnudó mi inmadurez y mi poco juicio. Hoy el desconcierto nos coge desarmados al no verte por ningún lado. No hay más amor y lo que queda es basura, cenizas, huellas a medio borrar. El sentimiento pleno ha dado paso a los reproches. Las caricias hoy son insultos. Las promesas se tornaron bajezas y la esperanza de una vida se convirtió en un rechazo entre ella y yo. Hoy que el amor se ha ido, nos miramos cara a cara y no nos reconocemos. Forzamos respuestas y solo aparecen reclamos. Amor, te fuiste y lo que debió ser paz y una estela de recuerdos bellos, se convierte irremediablemente en heridas. Ella y yo ya no nos amamos. Ella y yo ya no compartimos un pan, una copa de vino. Algo falta en nuestra mesa. Algo se fue y su partida convirtió el festín en agonía. Peleamos por espacios, hijos, dinero y orgullos absurdos. Lo que un día fue secretos sinceros hoy es razón para atacarnos. Lo difícil de nuestra separación es el legado que nuestros frutos reciben. Un divorcio es, de alguna manera, una muerte. Es el acta de defunción que debemos sellar. Algo se va para siempre mientras discutimos si este abrigo es tuyo o si este disco es mío. Un fracaso que se formaliza con un par de firmas de dos seres que se ofenden al mirarse. Así de duro es esto, amigo. Créelo.

No hay comentarios: